A fines del siglo XVII, apareció en Londres, Inglaterra, el primer packaging, entendiéndose como tal un contenedor que envasa un producto con una denominación en su etiqueta. Estos envases contenían medicinas, cuya tecnología era primitiva frente a los estándares contemporáneos. Las botellas eran sopladas a mano, sin siquiera el uso de moldes, envueltas en etiquetas impresas en una prensa manual. La tapa corona y el cierre a rosca estaban aun a siglos de distancia.
La aparición del horno alimentado a carbón para la fabricación de vidrio permitió incrementar el volumen de fabricación, mejorar la resistencia y bajar los costos. Simultáneamente, las técnicas de impresión se hicieron más eficientes, la alfabetización aumentaba, lo cual permitía que un mayor numero de usuarios potenciales pudiera leer el discurso pseudocientifico contenido en las etiquetas. Uno de los puntos que los productores de medicina entendieron tempranamente es que era útil para el producto tener una historia, la cual era contada en el packaging.
Mucho del fenómeno del final del siglo XIX, llamado “La revolución del packaging”, se debió a la unión de un gran numero de innovaciones tecnológicas y del surgimiento de ideas de cómo vender productos. A pesar de estos poco confiables pioneros, la idea de desarrollar un packaging con una identidad definida a fin de atrapar consumidores no podía haber sido posible de no haberse dado simultáneamente otras innovaciones.
Las vías férreas posibilitaron el traslado de grandes cargas en forma rápida y económica. La creación de sistemas de distribución que permitía transportar productos a larga distancia a precios competitivos frente a los productos locales fue clave en el desarrollo de la industria del packaging.
La urbanización rompió los lazos con la familia y la comunidad, haciendo necesario que la gente confíe en extraños. El cambio del esquema social que produjo la obtención de trabajo fuera del ámbito hogareño quito tiempo para hacer la cosas por si mismo y transformo las necesidades en objetos consumibles.
La industrialización produjo simultáneamente una expansión masiva del numero de objetos a poseer y la paliación del segmento de la sociedad que podía poseerlo. El hogar dejo de ser un centro de producción y se redefinió como centro de consumo. Los productores empezaron a enfocar sus acciones en los deseos y los sueños de los consumidores.